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martes, 25 de octubre de 2011

EL CRIADO


“Érase una vez, en Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.

Aterrado, el criado volvió a casa del mercader.

-Amo -le dijo-, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.

-Pero ¿por qué quieres huir?

-Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.

El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo, y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.

Por la tarde, el propio mercader fue al mercado y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

-Muerte -le dijo acercándose a ella-, “¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?...”

La muerte ignoró al mercader, y de forma impasible continúo con su camino.

El criado, llegó a la ciudad de Ispahán, pensó que si se escondía en el bosque colindante a aquella ciudad la Muerte jamás le encontraría.

Cuando la oscuridad cubrió el cielo, el criado se tumbó al lado de una hoguera que había hecho para entrar en calor, nada más quedarse dormido, una ráfaga de viento hizo que el fuego prendiera unas ramas secas provocando un incendio.

El criado murió quemado; la Muerte no le fue a buscar, él buscó la Muerte con su insensatez.

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