Como se puede observar en la
fotografía debajo de mi cama tampoco hay
tantos trastos. Es un espacio que utilizo para guardar las cosas que no quiero
que estén a la vista, entre ellas podemos encontrar una caja de plástico
rectangular de varios colores, amarillo, rojo, azul y verde, en la que guardo
juguetes de cuando era pequeño, la
verdad que no se para que los conservo, porque ya no juego demasiado con ellos,
supongo que a todos nos gusta dejar volar nuestra imaginación y recordar las
cosas de nuestra infancia. También hay una mochila negra que intento que
permanezca siempre cerrada, ya que la utilizo para bajar al gimnasio y
desprende un apestoso y desagradable olor, en ella guardo la toalla con la que
me seco el sudor cuando corro en la cinta, la botella de agua y los ásperos guantes, detrás se puede ver como asoma de forma
tímida una mancuerna.
Debajo de mi cama además
encontramos un aspirador, que como os imaginareis no es mío, se guarda hay para
ahorrar espacio en el resto de la casa. Tengo también escondida una báscula,
que utilizo a menudo para controlar mi peso, sobre todo en navidad, ya que me
suelo sobrepasar con los deliciosos turrones y polvorones y con el sabroso
cordero de mí abuela; y lo más importante para mí, mis zapatillas grises de
estar por casa, las cuales son muy blandas y suaves, a la par que cómodas y
calentitas.
Como veis no hay nada más
debajo de mi cama, supongo que con el tiempo se volverán a acumular pelusas y
polvo, que podrán saltar y bailar de alegría hasta que vuelva a escuchar la estridente
y aguda voz de mi madre gritando que soy un guarro, por eso hoy ha tocado
limpieza.
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